El sábado fuimos por el día a Villa de Leyva, un pueblo colonial que queda a 150 kms de Bogotá, y del que nos habían hablado mucho. El papá de la Coni arrendó un auto (no deja de ser un suceso andar motorizada por estos lados, imagínense que hace tres meses que no manejo!) y partimos. Ahora, aunque los kms. no sean tanto las tres horas de viaje son inevitables porque las carreteras son de una pista y muchas curvas.
Mención especial merecen el nivel de manejo de los colombianos en las carreteras. Hasta donde yo aprendí uno tiene que adelantar cuando hay linea discontinua y no viene nadie por el otro lado. Bueno, para adelantar la única condición que tiene que darse es que venga un auto lento al que quieres pasar. Las líneas nadie las mira, y que venga un auto en contra no es tema, sólo adelantan, esperan que el auto contrario se mueva a un lado, el auto lento para el otro, y él pasa por el medio (y ojo, que las carreteras no son nada de anchas, y la visibilidad realmente mínima). Todos los días se aprende algo nuevo...
Llegamos al pueblo y tuvimos la sorpresa de que había festival gastronómico de las especialidades locales. En realidad participaba cualquiera, imagínense que hasta había puesto del "Dunkin Donuts". Almorzamos en un restaurant bien autóctono, y paseamos por las miles de tiendas de artículos artesanales (yo gozando obvio!). Con la Coni nos compramos un cintillo de lana, en realidad yo ni en trabajos de invierno he usado eso, pero había que llevarse algún souvenir, y en este caso era bueno, bonito y barato.
Después de dar otras vueltas volvimos a Bogotá. Había prepararse para el evento nocturno: conocer a los papás de Marco, que viven en Cali, pero estaban de visita en la capital (son muy simpáticos!!). Fuimos a la casa de un amigo de Marco, que vive sólo en un dpto en uno de los barrios más top de Bogotá. Con la Coni empezamos a inspeccionar (Lulu, me acordé de nosotros espiando en la casa del profesor rosa), y resulta que tiene el closet más grande que he visto en mi vida, les juro que si se cambia de ropa todos los días no alcanza a repetirse la ropa, ni los zapatos. Tenía miles de artículos para el baño - todo un metrosexual - que con la Coni teníamos ganas de robarnos, ni cagando se daba cuenta, y en el refigerador habían sólo productos gringos y vino chileno.
Cuando ya la duda era demasiada, le pregunté a Marco si el papá de su amigo era narco, y me dijo "siempre ha existido el rumor de que sí". O sea, ahora soy amiga del hijo de un narco, habrá que seguir aprovechando (o abusando), no creen?



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