El sábado era nuestro día top. La jefa nos invitó a almorzar a su casa, que recién terminó de construir, chorísima la casa, y en la noche estábamos invitados a almorzar a la casa del cónsul chileno. Ese día comimos realmente como contratados, como si no fuéramos a comer nunca más. Lo penoso es que no se acumula, porque al día siguiente amanecimos con hambre, como siempre... jajaja.
Bueno, después de casi acosumbrarnos a la buena vida, llegamos a la triste realidad... nuestra casa se había inundado con la lluvia!!! todo tipo de elegancias quedaron de lado, y cuál cenicientas empezamos a trapear el piso...

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